Por GASPAR A. LÓPEZ POVEDA

Ríos de gente, un embotellamiento monumental (propio de la capital) en las inmediaciones del estadio y un ambiente sensacional. El rico olor a la tradicional “cochinita” (entre comillas porque no es como la yucateca), platillo tradicional en el béisbol capitalino (así era en el Seguro Social y en el Foro Sol), penetra en las narices de la gente que hace girar los torniquetes. En las taquillas se lee el letrero de “Boletos agotados”.

La atmósfera es iniligualable. No diario la gran capital mexicana estrena estadio y menos con el choque que se realizará sobre su césped. Los esfuerzos de don Alfredo Harp Helú rindieron frutos con este gran estadio, con capacidad para 30 mil espectadores. Hay confianza en que, por las facilidades que hay para llegar (una estación del Metro a una cuadra, amplio estacionamiento y un Eje vial a un lado), los aficionados capitalinos respondan. Desde hace una semana los boletos se agotaron. Nadie quiso perderse este momento: la apertura del nuevo parque de pelota y el encuentro entre las dos novenas capitalinas: los Diablos Rojos de México de Harp, Roberto Mansur Galán y Banamex, contra los Azules de Telmex, de Carlos Slim, que es filial de los Medias Rojas de Boston, equipo favorito del señor Slim.

Cuando la voz de Enrique Kerlegand comenzaba a dar los órdenes al bate, algo pasó. Al parecer fueron los incesantes toques a mi puerta de un cobratario lo que me despertó. Lástima.
A veces un recuerdo pasado te hace soñar cosas relacionadas con ello. Hace un días recordé la ocasión que don Gustavo Ricalde Durán, el recordado propietario de los Leones desde la campaña de 1994 hasta su fallecimiento en enero de 2008, me contó lo que le había sucedido esa tarde. Míster Slim vino a una reunión con el entonces gobernador Patricio Patrón Laviada, a la que fue invitado Ricalde, y luego a una comida en Xcanatún. Cuando regresaban, don Gustavo comenzó a hablar de béisbol con don Carlos, quien se entusiasmó, le contó que el rey de los deportes lo apasionaba, que frecuentemente iba a Boston a ver a los Medias Rojas y que disfrutaba mucho estar en un estadio.
Don Gustavo, entonces, se atrevió a hacerle un ofrecimiento. Estaba seguro que toda la Liga Mexicana lo iba a apoyar. Me contó que le dijo: La Liga Mexicana le regala un equipo para que administre. La respuesta de Slim fue un rotundo “No, gracias”.
En algún lado leí que Slim comenzó a ganar sus primeros pesos a los 10 años cuando vendía dulces y tarjetas de béisbol a sus tíos y primos. Sabe del negocio, pero quizá sabe también de una frase que alguien dijo por ahí (creo que fue el propietario de los Gigantes de San Francisco). La frase es: “El béisbol es el mejor negocio para volverse millonario. Entras siendo multimillonario y sales siendo millonario”.