Por GASPAR A. LÓPEZ POVEDA

Cuando llegué 20 minutos antes de la hora prevista para el inicio de la rueda de prensa, la sala de un hotel del Paseo de Montejo ya estaba casi llena. La invitación para presentar al nuevo director técnico de los Venados fue bien aceptada por los periodistas.

Los pronósticos estaban a la orden del día. Alejandro Torre decía que, “ojalá sea Héctor Medrano”.

Jesús Manuel Erosa casi apostaba a que el nuevo técnico de los ciervos sería David Patiño, por su conocimiento del medio.

A la hora señalada, Juan Manuel Noya, presidente del CF Mérida, apareció acompañado de Daniel Rosello. Noya agradeció la asistencia de los periodistas, agradeció los esfuerzos que hizo Ricardo Valiño durante tres años con el equipo y dijo que el club hizo un gran esfuerzo para contratar a una figura del fútbol mexicano para hacerse cargo de los Venados. “Es un compatriota mío”, dijo.

Y las especulaciones comenzaron entre la prensa yucateca, mientras Noya sacaba un fólder para leer el historial del nuevo entrenador de los astados. Noya dijo:

“Nuestro nuevo entrenador es…”

En ese instante por una puerta apareció una figura conocida y controvertida: nada más y nada menos que el mismísimo Ricardo La Volpe, quien subió al estrado cuando Noya comenzaba a leer parte del historial del bogotón.

La Volpe se sentó junto a Noya, Rosello le entregó una camiseta de los Venados y los fotógrafos captaron decenas de imágenes de La Volpe poniéndose la camiseta de su nuevo equipo.

Antes que La Volpe hiciera sus primeras declaraciones, Noya indicó que, junto con el técnico de la selección mexicana en el Mundial de Alemania, los Venados tendrían una podóloga.

Y cuando la dama en cuestión iba a hacer su entrada al salón, los estruendosos maullidos de dos gatos me despertaron. Me acerqué a la ventana y un gato, cubierto sólo con una toalla, cortejaba a mi gata. Uno de mis zapatos explotó en la cabeza del minino acosador. Lástima, ya no me volví a dormir. Me quedé con las ganas de conocer a la podóloga.