Por GASPAR A. LÓPEZ POVEDA

Un estruendo estremeció el Kukulcán y suspendió una discusión en la caseta de prensa acerca de los peloteros de los Leones en los Juegos de Estrellas.

Fue un obús de Leo Heras, quien encontró las bases llenas. Estrelló la canica en un espectacular de sopas instantáneas y coronó un racimo de seis carreras, con el que los Leones aseguraron la serie con un triunfo de 10-4 sobre los Pericos de Puebla, este miércoles en el Parque Kukulcán.

El partido fue didáctico para Tim Johnson, el nuevo mánager de los verdes. Los campeones no son, ni por asomo, la aplanadora esmeralda del verano pasado. “Tiene goteras”, diría nuestro entrañable maestro Juan Brea.

En este partido aparecieron todos sus defectos. Salvo el regular trabajo del abridor y derrotado Andrés Iván Meza (cuatro carreras y nueve hits en seis episodios), la defensiva estuvo fatal (cometió cuatro pecados, que propiciaron ocho carreras sucias) y su ofensiva actuó con discreción.

El único momento de apuro lo pasaron las fieras en el primer capítulo, cuando Jesús Arredondo atizó jonrón con un out ante la serpentina del ganador Tomás Solís, quien obtuvo su primera victoria del año.

Pero luego de ese trago amargo, todo fue coser y cantar para las fieras.

En el cierre del segundo se adelantaron 2-1, Puebla empató en u turno del tercero, pero en el cierre los Leones se adelantaron a 3-2.

En la sexta hicieron una, producida por Heras con elevado de sacrificio, y en la séptima explotaron con seis, cuatro de ellas remolcadas por el “Grand slam” de Leo Heras, ante la serpentina de José Castro.

 


Imparable de Esteban Quiroz remolcó la primera de esa entrada en los spikes de Ronnier Mustelier, la segunda por pasaporte con las bases llenas a Diego Madero y las otras cuatro por el bombazo de Heras, cuando se discutía en la caseta de prensa si los ocho peloteros de los melenudos al Juego de Estrellas era la mayo cantidad de peloteros del club yucateco en una edición. No es, sino que, se dijo, igualaron la cifra de peloteros que asistieron al choque estelar de 1957, cuando los Leones fueron campeones.

Al menos, es una buena señal.