Por GASPAR A. LÓPEZ POVEDA

En el mismo lugar donde presentaron a Juan Carlos Chávez como técnico de los Venados de Mérida FC, se realizaba un juicio al propio técnico del once yucateco de la Liga de Ascenso del fútbol mexicano.

Un “alto directivo” fungía como fiscal. Era duro. Decía que de muy poco habían servido la larga pretemporada y las contrataciones de jugadores con las que reforzaron a los ciervos.

“Sólo tenemos tres puntos. Me da rabia que el equipo de (Jorge) Vergara (Coras de Tepic), que lo armó al cuarto para las 12, tenga 16 puntos y sea líder invicto; me molesta que ese equipo que tiene al “Bofo” esté mejor que el nuestro”.

“Algo hay que hacer; por eso estamos aquí”, decía con énfasis.

Pero Chávez no estaba solo. Todos sus jugadores lo apoyaban. Algunos llevaban carteles con la palabra “Inocente”. Incluso, había personajes de otros equipos dispuestos a apoyar al técnico astado.

“No es posible que duden de la capacidad de un técnico que nos derrotó, que supo mover a sus jugadores para adjudicarse una victoria justa”, dijo el “Hachita” Ludueña, refiriéndose al triunfo de los Venados sobre los Pumas de la UNAM.

Justino Compeán iba a abrir la boca, pero le voz de José Saturnino Cardozo se impuso. El paraguayo, técnico del Toluca, expresó.

“Él supo guiar a su equipo a vencer al mío y eso que jugué con mis mejores hombres, como “Tala”, el “Conejito”, el “Pájaro”, Da Silva… Y luego en nuestra casa supo mover sus piezas para empatarnos. Creo que podrían cometer una injusticia con él”, agregó Cardozo.

Por fin, Compeán pudo hablar. Su exposición fue extensa, pero se puede resumir en que Chávez es un buen técnico que logró un tercer lugar para México en el Mundial Sub 20. “Y si lo hizo fue por algo”.

Había expectación en la sala. Varios técnicos sin trabajo estaban al fondo con carpetas con sus CV’s, listos para lanzarse sobre los directivos La gente comenzó a murmurar. Había mucho ruido en la sala.

El fallo estaba a punto de producirse.

Entonces, los  golpes del “mallet” del juez (el mazo, para los que no lo entiendan) produjeron bastante ruido, tanto que me despertaron.

¡Ufff! Todo había sido un sueño.

Quizá mi subconsciente se dejó influenciar por el comentario que, antes de ir a la cama, leí en el suplemento “Cancha” del diario “Reforma”, en la columna de San Cadilla, comentario que, por curioso, reproduzco a continuación y que espero que no le dé pesadillas a nadie:

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 Patiño de nadie

Por ahí me contaron que aunque David Patiño es un soldadito en Pumas, realmente le caló eso de ser técnico por unas cuantas horas, y el viaje que hizo el martes para dirigir su único partido al frente del cuadro auriazul le sirvió también para echarle lente a las casas en renta en Mérida.

Y es que diiiicen que su nombre es uno de los que ya desfilaron por los escritorios de los directivos de los Venados, que no están nada contentos con los 3 puntos y el penúltimo lugar en que Juan Carlos Chávez tiene al equipo, y que apenas soportarían un mal resultado más para poner en acción la guillotina.

Patiño dejó buenas cuentas de hace tiempo que dirigió por allá, y tendría ventaja sobre otros si es que hay un cambio.

Con lo surreal que es nuestro futbol, ya no me sorprendería que se diera el simpático caso de que, después de dirigir a Pumas en la ida de la Llave 2 de la Copa, Patiño viniera a CU ahora al frente de Mérida para la vuelta. ¿Se imaginan?