La tan espera contienda entre los dos mejores pesos mosca del mundo de la época, Miguel Canto y Guty Espadas, se celebró en el Parque de béisbol Carta Clara (donde hoy está Plaza Sendero). Por el césped amarillento y crecido calculo que fue en la segunda mitad de la década de los 70.

El combate era unificatorio del título mosca pues los dos arriesgaron sus diademas: Canto, la del CMB, y Guty, la de la AMB.

Los 15 asaltos del combate (en aquel entonces, los combates titulares eran a esa distancia) fueron intensos. En dos ocasiones, Espadas conectó sólido a Miguel, pero el “Maestro” capeó el temporal con su elegante bending y sus pasos laterales, cuando Guty lo acorraló contra las cuerdes.

Fueron momentos en los que Canto se engolosinó y se metió a terrenos de Espadas a intercambiar metralla.

Por momentos, Canto hizo ver mal a Gustavo, especialmente en los primeros asaltos, cuando Miguel mostró su boxeo elegante, fino, estético, ante un rival que siempre fue para adelante y nunca arrió banderas.

Clave en los aciertos y buenos momentos de ambos fue la dirección que recibieron de sus esquinas: Jesús “Cholain” Rivero en la de Miguel, y Edilberto “Beto” Rivero, en la de Espadas.

El público, que llenó las gradas y las sillas que se instalaron, estaba dividido. La pelea en sí había resultado muy pareja.

Tras los 15 asaltos, el réferi Ramón Berumen los llamó al centro del cuadrilátero, en espera del anuncio del ganador.

El sonido estridente de mi despertador me impidió conocer quién fue, aunque, por lo que se vio, lo más justo era un empate.